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Los viejos desconfíamos de la juventud porque hemos sido jóvenes.
Por Gastón para Saludable.Guru en del 2017 en Historias de Vida

A pesar de que casi una vez a la semana algunos vaticinan el fin del mundo, otros simplemente se dedican a vivir y a disfrutar de la vida sin pensar en lo que vendrá.

¿Alguna vez pensaste cómo sería vivir eternamente? Esta es la pregunta que le hicieron a una mujer en Japón que ya contaba con muchos años y a lo que ella respondió: “no tengo miedo a morir. Pero me sentiría muy triste al pensar que algún día tendré que separarme de mis flores.” En efecto, esta mujer vivía sola y tenía un jardín hermoso y lo que más lamentaba era que algún día tendría que separarse de él.

Al parecer, muchos de los que aseguran no tenerle miedo a la muerte aprecian hasta el infinito las maravillas de la creación y quieren disfrutarlas al máximo aun cuando en el fondo también querrían vivir eternamente.

Todos sabemos que esto es imposible pero hay quienes logran alcanzar una edad casi inimaginable para un ser humano y acumulan historias, anécdotas, vivencias y mucho para enseñar.

Es el caso de Jeanne Louise Calment, una mujer francesa que nació en el año 1875 y vivió 122 años y 164 días y a quien le gustaba decir: “Dios se olvidó de mi”.

Una de sus principales características era la de hacer bromas, precisamente sobre su vejez y decía que eso la hacía mantener los pies sobre la tierra.

Dentro de su historial de vida, Jeanne Calment contaba con el privilegio de haber conocido al célebre pintor Vincent Van Gogh cuando iba a comprar telas al negocio de su tío en Arles.

Jeanne sólo tenía 13 años y lo describía como alguien “sucio y solitario”.

También fue testigo de la inauguración de la Torre Eiffel y sobrevivió a dos Guerras Mundiales, algo de lo que nunca quería hablar porque sólo prefería recordar los buenos momentos llenos de felicidad.

Decía que la alegría marcó el ritmo en su vida a pesar de haber sufrido numerosas pérdidas. Vivió una niñez tranquila en medio de lecciones de piano y pintura hasta que en el año 1896 se casa con su primo Fernand Calment, un rico comerciante, algo que le permite tener una vida holgada y tranquila que le deja tiempo para hacer lo que siempre quiso: andar en bicicleta, algo que practicó hasta los 100 años, nadar, patinar, jugar al tenis y asistir a la ópera. ¡Y hasta empezó a practicar esgrima a los 85 años!

Se decía curiosa de la vida y que siempre estaba dispuesta a aprender. A los 40 años tiene su primer vuelo de bautismo y a los 110 descubre los walkman, con los que siempre escuchaba música.

Cuando Jeanne tenía 90 años firmó la venta de su casa con un escribano estableciendo que hasta el día de su muerte debían pagarle una cantidad de dinero. El escribano nunca pensó que esta mujer viviría la cantidad de 122 años y él y su familia terminaron pagando el doble del valor de la casa. ¡Incluso el escribano murió varios años antes que ella!

Y cuando le preguntaban cuál era su secreto para la longevidad de la que gozaba respondía que nunca había hecho nada en particular para vivir tanto. Jeanne fumaba desde los 21 años y dejó el cigarrillo recién a los 115 años y aseguraba que reír y tener una actitud positiva era fundamental para vivir mucho y bien. Alguna vez declaró: “Si algo no tiene solución, no hay de qué preocuparse”.

Pero cuando le preguntaban por su alimentación, Jeanne le atribuía parte de su “éxito”, porque decía que consumía principalmente aceite de oliva, que también utilizaba para hidratar su piel, un vaso de oporto al día y ¡un kilo de chocolate por semana!

También aseguraba que incluía el ajo en casi todas sus comidas y azúcar en sus bebidas.

Pero lo que no debemos perder de vista es el hecho de que Jeanne vivió una vida tranquila sin mayores preocupaciones y en consecuencia, prácticamente libre de estrés, que es hoy el mal que afecta a casi todos los mortales.

Algunos especialistas que fueron consultados con respecto a la longevidad de Jeanne destacaron este hecho como algo fundamental. Vivir lejos del estrés podría ser condición sine qua non para vivir más y mejor.

Jeanne vivió sola hasta los 110 años, momento en que decidió instalarse en un asilo por propia voluntad en donde divertía a todos con sus anécdotas y buen humor y siempre que alguien se refería a su edad, solía decir: “Tengo una sola arruga y estoy sentada sobre ella”.

A los 122 años murió de muerte natural y su testamento sólo se resume a dos deseos muy simples: dejar algo de dinero al asilo en el que vivió sus últimos días y ser enterrada en ciudad natal, cerca de sus padres.

Una última voluntad a imagen de lo que siempre fue, una mujer simple y fiel.

Los consejos de Saludable.Guru son sólo para fines informativos y educativos. Saludable.Guru no es un sustituto de consejos médicos profesionales, de diagnósticos o de tratamientos. Siempre consulta a tu médico con cualquier pregunta que puedas tener sobre una condición médica.

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